A different way into a (much recommended) book

This week I attended a speed-reading course. One of the exercises required us to pick a book we had not read but wanted to, and spend 30 min speed-reading it to get as much info as possible from it.
I picked Séverine Autesserre’s “The trouble with the Congo” and it looks like this:

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This is clearly not the same as carefully reading something, but it is definitely a good way to become acqainted with a book to see if it is worth reading it entirely.

Which is precisely the case for Autesserre’s book, since her writing is extremely good and the wealth of information (330 in depth interviews!) makes it a brilliant research piece. I was able nonetheless to get a general understanding of the book thesis:

that the international intervention in eastern DRC has largely failed to promote durable peace due to the dominant peace-building culture. This culture is focussed on the national and international contexts and thus has prevented the local conflicts that cause much of the violence from being sufficiently acknowledged or adequately addressed. Autesserre’s recommendation is thus to give a much greater role to local peace-building initiatives.

This is an extremely insightful thesis, valid also for other conflicts outside eastern DRC or the African continent.

Whilst doing some research for this post, I have seen that Autesserre recently recorded a TED talk explaining the thesis of her book.
She does a much better job that I can explains it much better than I can ever do, so please, watch it below (incidentally, also a new – and possibly more effective way – to learn about this very much recommended book!)

https://embed-ssl.ted.com/talks/severine_autesserre_to_solve_mass_violence_look_to_locals.html

Lumumba: el asesinato más importante del siglo XX

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Patrice Lumumba abandona el avión en el aeropuerto de Leopoldville, el 2 de Diciembre de 1960, custodiado por soldados leales al Coronel Joseph Mobutu. Fotografía: AP
Así lo define Ludo de Witte, autor del libro “El asesinato de Lumumba“; nos lo recuerda Georges Nzongola-Ntalaja en el Guardian. Y en GuinGuinBali José Naranjo traza un semblante de su persona, y su asesinato.
Y es que hoy se cumplen exactamente 50 años desde el 17 de enero de 1961, el día en que Lumumba, primer ministro electo del Congo era asesinado en un complot organizado por los EEUU y Bélgica. Estoy convencido de que el Congo, África, y el mundo entero hubieran sido un lugar muy distinto si se hubiese respetado la voluntad de los congoleños. Hoy, sólo nos queda no olvidar su figura, su vida y muerte, y lo que representa.

¿Existe el Congo?

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El pasado martes, día 8 de Septiembre, una pequeña noticia en algunos medios reseñaba la condena a muerte de dos ciudadanos (ex-militares) noruegos en la República Democrática del Congo (RDC). Los dos hombres, de 27 y 28 años, estaban acusados de haber asesinado a su chófer de un disparo a la cabeza. Ni quiero, ni puedo, hacer aquí ningún comentario acerca de este caso – los detalles del cual son totalmente desconocidos para mí. Me gustaría dar sin embargo mi perspectiva personal acerca del marco político en el que se puede encuadrar esta noticia.

Lo que llamó mi atención – ya que la noticia en sí no contiene nada extraordinario – es el constraste entre la innegable existencia de la condena a muerte de estos dos ciudadanos (y el reconocimiento de ésta por parte de la comunidad internacional), y la situación de un país que para algunos analistas simplemente no existe. En un artículo que levantó una gran polvareda publicado en Foreign Policy la pasada primavera, Jeffrey Herbsy y Greg Mills argumentaban que simple y llanamente “No Hay Congo”. Para estos la ficción – o “hipocresía” para Steven Krasner – de la soberanía nacional en el caso de la RDC se convierte en algo peligroso, y en la principal causa de los problemas del area centroafricana. Como consecuencia los autores defienden el abandono de toda pretesión jurídica y abogan por el abandono de Kishasha como intermediario, en favor de una más directa intervención internacional en las distintas regiones – especialmente en los Kivus (Norte y Sur).

Este artículo ha sido contestado a lo largo de la primavera y el verano por distintos comentaristas – por ejemplo Ali M. MalauTimothy Raeymaekers que han señalado que no sólo sí que existe el Congo,  sino que además una gran parte de los problemas y de la más que triste historia del país son resultado no de las acciones o caracteristicas del Congo en sí, sino de los distintos países (europeos y africanos) que han afectado y dirigido la suerte del país desde su colonización por parte del rey Leopoldo, pasando por el asesinato de Patrice Lumumba e incluyendo el expolio de las grandes riquezas naturales del país – diamantes, madera y más recientemenete coltán.

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Patrice Lumumba

Una de las respuestas más acertadas al artículo de Herbst y Mills es la dada por la reportera Delphine Schrank; para ella el Congo existe, al menos, en la mente de todos sus ciudadanos que se sienten congoleños. Esta claro que, como cualquier otra nación, el Congo es una “comunidad imaginada” (en la famosa frase de Benedict Anderson), que existe a pesar de la falta de infraestructuras y la constante guerra en su extremo oriental. Y es aquí donde, en mi opinión, este debate se encuentra con la noticia de la condena de los dos ex-militares noruegos. Porque una parte fundamental de imaginarse como comunidad es distanciarse de otras comunidades y, dada la historia del país, un elemento importante del emergente nacionalismo congoleño parece ser la desconfianza y el recelo hacia los extranjeros que tanto mal han hecho y tanto han robado a su país. Esto explica los aplausos de las sala al conocerse la condena a muerte y la orden de que los condenados además pagaran ¡¡$60 millones como compensación!!