Derechos animales e identidades nacionales

Ayer, como sabrá casi todo el mundo en España, se admitió a trámite por el Parlament de Catalunya, la Iniciativa Legislativa Popular para prohibir las corridas de toros en esta comunidad autónoma. Una decisión que ha generado muchos minutos de tertulia radiofónica y muchas líneas en las columnas de opinión en la prensa escrita. Es sin embargo mucho menos conocido (me imagino), que hace un par de semanas Sudáfrica se vio envuelta en una polémica acerca de los derechos de los animales, y en la que era también el toro que se encontraba en el centro de la controversia. Y es que el pasado mes de Noviembre, la asociación de defensa de los animales Animal Rights Africa (ARA), presentó una denuncia contra el rey Zulú, Goodwill Zwelithini, y contra el Gobierno de sudafricano, para intentar evitar el ritual anual del Ukeshwama. En este ritual, que se celebra todos los años, un toro es sacrificado por parte de decenas de jóvenes zulús, quien lo dan muerte con sus manos (sin ningún tipo de armas). El juez sin embargo dictaminó que no existían motivos para suspender el ritual y por tanto podía seguir adelante; el Ukeshwama se celebró finalmente el pasado sábado día 5 de Diciembre.
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Cartel anunciando un festejo en la Monumental de Barcelona (El Pais)

Examinar estas dos polémicas puede ser interesante para ver como las numerosas coincidencias entre ellas iluminan lo complicado – o más bien imposible – que es el limitar el debate a los derechos de los animales. Y es que a pesar de que tanto la iniciativa que pretende acabar con las corridas de toros en Cataluña como la que busca el fin del Ukushwama, citan como motivo principal el poner fin al sufrimiento y la crueldad con los animales, este aspecto ha sido casi sepultado por otras consideraciones. Así, en ambos casos, han aparecido argumentos que presentan estos rituales – y de la necesidad de su continuidad – como un aspecto importantes de la cultura y la identidad de los pueblos/naciones. Y una vez que este tipo de conceptos y argumentos entran en el debate, es fácil deslizarse a una politización total del asunto, tanto por parte de la sociedad civil, como de los profesionales de la política. En Sudáfrica por ejemplo, el hecho de que el representante de ARA sea un hombre blanco, y que el objetivo de la demanda judicial buscara detener un ritual Zulú, ha dado pie a que comentaristas como Sipho Hlongwane quien se posiciona en contra del Ukeshwama (y de las corridas de toros también) ya que lo considera una ceremonia brutal, defienda sin embargo la continuidad del ritual ya que es un aspecto de la multicultural sociedad sudafricana, y critique la demanda judicial promovida por “come-hierbas y sandalistas”. El Ukeshwama sólo cesará cuando el pueblo zulú lo decida (lo que lleva al debate de lo que cómo se traduce lo que quiere el pueblo zulú en lo que defiende su rey).
En Cataluña por su parte, parece también claro que algunos de los defensores de la prohibición ven en esto una manera más de distinguir a Cataluña de España – y de los rituales españoles. Por el otro lado, partidarios de la continuación de los festejos taurinos en Cataluña, argumentan que la prohibición es un ejemplo más de la intolerancia del nacionalismo catalán.

La politización del debate, nos lleva a una última cuestión, la de las formas – parte importante del debate político que rodea a estas polémicas. Así, en Sudáfrica se ha considerado que la intervención de los tribunales es un error, y algo que contribuye a una mayor politización de la cuestión. Una intervención que ha sido necesaria, aparentemente, dada la negativa de la casa real Zulú de dialogar con la ARA, la suspensión o modificación del festejo. Igualmente, algunos de los defensores de la continuidad de las corridas de toros en Cataluña, argumentan que es la decisión de prohibir a lo que se oponen, ya que no respeta la voluntad de parte de la población catalana de continuar acudiendo a estos festejos.

Y en las formas también es donde, en mi opinión, radica la mayor diferencia entre ambas polémicas. En Sudáfrica, la ARA pidió al juzgado que se suspendiera la práctica – una decisión puramente judicial –lo que llevó al juez a interpretar – utilizando como referencia la legislación vigente – que no existían motivos para proceder a su suspensión. En el caso de Cataluña sin embargo es una iniciativa popular, apoyada por 180,000 firmas, la que ha “obligado” al Parlament a pronunciarse sobre este tema. Un tema incómodo para algunos partidos políticos – tanto CiU como el PSC (los dos principales partidos) dieron libertad de voto a sus diputados, y la votación fue secreta. Se trata pues de un debate político que responde a la demanda de una parte de la población, y que busca un pronunciamiento por parte de los partidos políticos para la creación de una nueva ley – algo que no es aún seguro, sólo se ha aceptado debatir la proposición. Dos polémicas pues, con el toro en un papel central, que muestran lo difícil que es limitar – en cualquier país – este tipo de debates exclusivamente al sufrimiento y los derechos de los animales, sin involucrar temas políticos o de identidad. Para bien o para mal, los humanos siguen siendo los únicos que pueden hablar y opinar, y los que permanecen pues, en el centro del debate.

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Derechos animales e identidades nacionales

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