África, la cumbre de Copenhague y un mundo multipolar

El lunes de la semana próxima comienza en Copenhague la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático (COP-15). Si bien esta fecha ha estado señalada en el calendario internacional desde hace tiempo, distintos eventos ocurridos durante el último año y medio han cambiado enormemente el panorama internacional en el que se enmarca la cumbre. De la arrogancia y el unilateralismo de la administración Bush, se ha pasado a la esperanza de un mundo multilateral encarnada por Barack Obama. Además la actual crisis económica ha afectado sobre todo a los países desarrollados, dejando que sean los países emergentes los que lideren la recuperación. Además de China, cuya fulgurante ascensión continúa, los analistas hablan también de India y Brasil, entre otros, como futuros referentes. Todo esto alimenta la idea de que un mundo verdaderamente multipolar puede estar emergiendo. Sin embargo, el optimismo generalizado que normalmente acompaña estas predicciones, debe ser matizado, reconociendo que en la actualidad el mundo es eminentemente bipolar, centrado en el eje EEUU-China. Pese a la ratificación del Tratado de Lisboa, Europa ha sido fuertemente dañada, también en el ámbito político, por la crisis económica. Aunque Brasil crece, su posición internacional no está aún consolidada; India se muestra aún tímida, y la caída del precio del petróleo, junto con problemas domésticos, han frenado el avance de Rusia.
En la breve descripción del mundo actual esbozada arriba, y que define el contexto internacional en que se llega a Copenhague, brilla por su ausencia – como en tantas otras ocasiones – el continente africano. África acaba de alcanzar los 1.000 millones de población, casi un sexto del total mundial; sin embargo, el continente ocupa una posición marginal en el contexto internacional, tanto en la esfera política como económica – durante las últimas décadas la importancia económica de África se ha reducido hasta ocupar solamente el 3% del comercio internacional y 1/60 del Producto Interior Bruto (PIB) global en la actualidad. Esta posición marginal ha contribuido al crecimiento de una retórica caritativa, como (casi) única actitud hacia el continente – ayuda al desarrollo, famosos adoptando niños, limosnas que sirven, en el mejor de los casos para calmar las conciencias, y en el peor para contribuir a la continuidad de la dependencia, como ha señalado Dambisa Moyo. Pero la mayor parte de los problemas de África no se derivan ni de una falta de ayuda internacional, ni de que sus líderes sean más incapaces o corruptos que los de otros países (los dos polos que dominan casi todos los discursos sobre el continente), sino de las características de la integración de África en el sistema económico internacional. Sin embargo, y a pesar de su casi nula aportación a las emisiones de CO2, es precisamente África el continente en el que el cambio climático tendrá consecuencias más desastrosas – en gran parte por la falta de recursos disponibles para hacer frente a la situación en el futuro.
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Meles Zenawi – Presidente etíope y del Comité de Jefes de Estado y de Gobierno sobre el Cambio Climático
Esto ha llevado a los líderes africanos a adoptar una posición común en la mesa de negociaciones de Copenhague. Así, el pasado 17 de Noviembre en declaraciones posteriores a la reunión del Comité de Jefes de Estado y de Gobierno sobre el Cambio Climático (CAHOSCC en inglés), Meles Zenawi, Presidente de Etiopía avisó de que África utilizará sus números en Copenhague “para deslegitimizar cualquier acuerdo que no sea consistente con nuestras demandas mínimas”, hablando incluso de abandonar “cualquier negociación que amenace con violar de nuevo a nuestro continente”. Mediante esta posición común África no busca sólo una compensación económica – estimada para ser efectiva en 100.000 millones de dólares de aquí a 2020, algo totalmente irrealista – sino que intenta prevenir los daños ocasionado a los ecosistemas del continente, algunos de los más frágiles del mundo. Además, la protección de estos ecosistemas está íntimamente relacionada con la supervivencia de la agricultura del continente, de crucial importancia ya que de ella depende un 70% de la población africana. De hecho, el deterioro de los ecosistemas en zonas especialmente frágiles, como el Sahel, está contribuyendo ya a una mayor inestabilidad social y política, e incluso a conflictos violentos – como el conflicto de Darfur, descrito como “la primera guerra del cambio climático”, o la aparición de grupos criminales, descontentos con la distribución de recursos en países como Mali, y que bajo la cubierta del islamismo radical, llevan a cabo secuestros como el de los tres cooperantes españoles apresados en Mauritania el pasado domingo. De hecho, y de acuerdo con un reciente estudio, las guerras civiles podrían aumentar en África en un 50% como resultado del cambio climático.
Pero no son sólo los gobiernos africanos los que se han dado cuenta de la importancia del reto del cambio climático. Numerosas ONGs y asociaciones de la sociedad civil africana, muchas agrupadas dentro de la Alianza Pan-Africana por la Justicia Climática (PACJA), demandan de sus gobiernos – a menudo regimenes autoritarios – compromisos claros con el medio ambiente: ya sea reduciendo las emisiones contaminantes, o frenando la deforestación, como refleja el “Nobel alternativo” de la Right Livelihood Foundation concedido este año al congoleño René Ngongo. Otro representante de esta comprometida sociedad civil es Kumi Naidoo, un surafricano que acaba de ser elegido director de Greenpeace. Naidoo ha pedido a Obama que reconsidere la posición de los EEUU, ya que la falta de un acuerdo significativo supondría un verdadero “fallo del sistema democrático, dado que la mayoría de la opinión pública, incluso en EEUU, quiere que se avance en este tema”.
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Kumi Naidoo – nuevo director internacional de Greenpeace
Las conclusiones parecen pues claras para una Europa que acaba de estrenar gobierno. Si no quiere verse relegada a la insignificancia, debe actuar junto con los países emergentes y los menos desarrollados, para frenar un posible acuerdo de mínimos conducido por EEUU y China, lejos de lo que exige la opinión pública mundial. Movimientos en este sentido ya han sido avanzados por Francia y Brasil quienes presentaron hace unos días una propuesta conjunta para la cumbre de Copenhague. El Presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva afirmó entonces que se opondría a que EEUU y China dirijan un acuerdo “tomando como base solo la realidad económica de sus países sin tener en cuenta sus responsabilidades. El mundo es multipolar”. Si Europa cree lo mismo debe pues aceptar las demandas de África y unirse a las propuestas de los países emergentes, frente a los mínimos deseados por Washington y Beijing. Sólo así se podrá al mismo tiempo, frenar la amenaza del cambio climático y contribuir a que el mundo multipolar se haga realidad.
África, la cumbre de Copenhague y un mundo multipolar

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